Disfraz de horas

Me paro a mirarte, tienes los ojos felices. Y me alegro, me alegro por ti, me alegro tanto que el llanto se pira de fiesta a Madrid, recorre bares borracho brindando en Callao, con el vaso medio lleno de los besos que me diste y que ahora financio.

Y horas después me escupe la calle, me empuja a hacerme una cueva en este infierno, prendado de ti, a cubierto en el espejo del silencio. Y no tengo nada más que discutir, salgo corriendo y me pliego en el bolsillo. Luces, corazón, blando, huero, esquinado, maquiavélico, enfermo.

Las horas son un puto disfraz con el que me visto para no pensar. Desnudo en tu cruz… ¿qué clavos te quedan por clavar? Hazme una imagen y ponme en un altar.

Me paro a mirarte, tienes los ojos felices. Y me entristezco, me entristezco por mí, me alegro por los dueños de los bares. Es difícil odiarte en acción, repudiar todos tus males y despistes. No me importa, no tengo más que voz y canto hasta que me reviente el corazón.

Y horas después me escupe la calle, me escupen hasta los portales desde cada buzón. No tengo pasta, no tengo más que voz, soy una herida enfermiza que sufre sin razón. Tengo las horas contadas en la cartera. Luces, corazón, blando, huero, esquinado, maquiavélico, enfermo.

Las horas son un puto disfraz con el que me visto para no pensar. Desnudo en tu cruz… ¿qué clavos te quedan por clavar? Hazme una imagen y ponme en un altar.

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